Manejaba por las calles de
Florida, llevaba las ventanillas arriba y el aire acondicionado encendido,
hacia demasiado calor, acababa de salir de la escuela e iba directo a casa, mi
tía Judith, la mujer mas amable de este mundo, bueno no se si amable es la palabra
solo que, ella me aceptó cuando perdí a mis padres y es la única que me oye
cuando quiero hablar de Paolo, mi gran amor, nos separamos pero en el fondo
ambos estamos íntimamente unidos.
Mi Mercedes se desplazaba
por las calles tranquilamente, tuve suerte de que mi tía no me lo quitara, hace
unos meses no pensaba igual que ahora, creo que ni ahora pienso igual a los
meses antes de que todo cambiara.
Yo solo soy una
adolescente de dieciocho años, pero mi historia no comienza aquí, claro que no,
comienza mucho antes.
Era un día soleado en el
colegio privado de Elite High School The
fall Florida, la chicas y yo practicábamos nuestra
corografía en el campo de futbol los chicos guapos por lo general, practican
futbol, todo era normal, y al entrar a clases todo seguía igual, mi promedio de
siempre, uno normal, ni muy bueno…, ni muy malo, en fin. Era un día soleado
cuando llegó el, era nuevo pero muy guapo, no tardaría en hacerse amigos de
todos.
Usaba chaquetas de cuero y
el pelo revuelto, unos Ray Ban y una
gran sonrisa, si no le costaría mucho, para ser precisa unas chicas le hablaron
de inmediato.
Yo era… no sé si popular
es la palabra yo utilizaría el termino conocida, muy conocida, lo chicos me
miraban, hablaba y me amaban bueno era muy querida, claro que si. Llevaba
puesto mi uniforme, la falda de cuadros, la chaqueta y la camisa, ah, y un
cintillo a juego. Miré al nuevo, no era raro que muchos rompieran las reglas y
menos cuando lo hacían con estilo. ¿El cuero y los Ray Ban serán aprobados?
Al finalizar vi al final
del pasillo a Robert Crawford, ese chico tan guapo, de la preparatoria, dos
años mayor que yo, sexy y poderoso todas estaban locas por él y como no hacerlo
si él era como no sé, un Dios cuanto menos, claro que todas lo estaban, todas
menos yo, acababa de tener una aventura con él y descubrí que no era la gran
cosa.
–Hola
Gia. –Me dijo desde lejos, yo hice de la sorprendida y me acerqué. –Pero que
bella.
–Hola
Rob, ¿Cómo te ha ido?
–Bien
aunque creo que debemos repetir lo de hace unas semanas.
–Sin
ofender pretendo no hacerlo de nuevo.
–
¿Miedosa?
–Astuta.
–A
que le huyes.
–A
tu patético romanticismo.
–Oye,
fue espectacular.
–Fue
cursi.
–No,
tú no sabes, eres una niña.
–Quizá,
pero soy mujer.
–Bah,
nos vemos luego.
–
¿Nos veremos?
–Huye
lo que quieras al final vas a terminar conmigo. –Dijo y se alejó.
Los pasillos estaban
vacíos y que surte la última parte él la había gritado y sería un desastre si
alguien la hubiese escuchado, por seguridad empezó a correr hasta su auto
abriendo la puerta de golpe
– ¡Ah! –Alguien
gruñó cuando le pegué la puerta en la cara.
–Dios,
lo siento. –Dije apurándome a ver quien era, era él, el chico de la chaqueta de
cuero. –Oh, perdona, no te rompí la nariz ¿o si?
–No,
no te preocupes aunque con el mundo dándome vueltas no se como regresaré a
casa.
–
¿Quieres que te llevé? Yo podrías… seria lo mínimo que podría hacer.
–No
te preocupes, igual ahora se me pasa, además tengo que pasar por otros lugares
antes de regresar a casa.
–Eres
nuevo ¿no? –Comenté haciéndome la desinteresada.
–Si,
Roma era distinto pero creo que me acostumbraré.
–
¿Italiano?
–Si,
¿por que?
–No,
por nada, eh… bueno, yo si tengo que regresar a casa, mi tía quiere que hagamos
algo en el jardín y no sé que más… así que… ¿no quieres que te lleve a casa?
–No.
–Bueno…
adiós.
“¿En el jardín? Creo que
pude haberlo hecho mejor” –Pensé –“Si, la táctica de tengo que irme antes de
que lo arruine, los dejas con el pensamiento en la cabeza, es una buena
técnica, siempre me funciona”
Subí en mi Mercedes y me
fui veloz.
De pronto.
–Mierda,
no le pregunte como se llamaba. –Dije de camino.
Mi casa, la casa de tía
Judith y de tío George, quedaba algo lejos de la escuela, tenías que desviarte,
antes de seguir un lindo camino florido hasta la casa, esta estaba alejada en
una villa, se preguntaran el porque, y bien, mis tíos aun son recién casados y
querían tener una gran familia, pero mientras vivían en un pequeño apartamento
en plena ciudad, cuando llegué yo simplemente tuvimos que mudarnos, la villa es
grande y cómoda, al menos mientras conseguimos una casa más grande, por mi no
hay problema, las fiestas son muy buenas ya que no tienes un limite para la
música y ningún padre que te diga que hacer, tío George no tenía problemas
conmigo, al contrario, me ama y a tía Judith le gusta la vida social y las
fiestas, como dije no es problema.
Problema, que gran
termino, mi padre murió de cáncer y mi madre en un accidente dejándome huérfana
totalmente, eso era un problema, pero ya que lo pienso lo problemas no son solo
a nivel emocional, a veces lo son físico y cuando digo físico me refiero a algo
que no tiene nada que ver con las muertes ni con las depresiones, me di cuenta
ya que el auto soltó un pitido.
–Rayos,
¿como no me di cuenta antes? –Me pregunté viendo el tablero que me mostraba la
falta de gasolina. –Quizá si baje la velocidad…
Imposible el auto se
estaba deteniendo.
–Rayos,
rayos, rayos.
Me bajé e intenté llamar a
tío George pero no tenía nada de señal, intenté esperar a que tía Judith
volviera del bufete pero aun era muy temprano, genial, ahora que haría. Me
senté en el capó del auto y comencé a esperar a algún auto, pero era un intento
inútil, nadie pasaba por ahí en esos días, se supone que en tiempos de
vacacionar la gente se daba una vuelta por lo lugares pero no ahora, no en esas
fechas.
“¿Que demonios haré?”
–Pensé.
Tranquilamente puse la
alarma al auto y fui hasta el desvío a tratar de encontrar ayuda, pero
igualmente los pocos autos que pasaban lo hacían a toda velocidad, pero si solo
uno pudiese pararse a ver que necesitaba aquella chica indefensa vestida aun
con el uniforme del colegio, las cosas serían mejores.
Y de la nada, a lo lejos,
entre los autos se avecinó una moto, un chico con chaqueta de cuero y Ray Ban,
¿sería posible? Me quedé observándolo por largo rato mientras se acercaba, creo
que el también me observó. No hice nada por detenerlo pero el no esperó que yo
hiciera algo, se detuvo unos metros frente a mi y se quitó los lentes.
–Ey
tu eres la chica que me golpeo.
–Eh…
si.
–
¿Que haces aquí?
–Me
accidente y…
–
¿Donde esta tu auto?
–Por
el otro lado es que… hay que tomar la desviación y no pasa nadie por allí así
que he venido hasta acá.
–
¿Quieres ayuda?
–
¿Me ayudarías?
–Claro,
bueno no sé si puede con tu carro pero si podría ayudarte a ti.
–
¿Cómo? –Pregunte acercándome.
–Te
puedo llevar a casa y allí…
–Si,
claro, me parece perfecto.
–Bueno
entonces sube.
–Tengo
falda.
–
¿Y?
Hice una mueca como
queriendo decir: “Oh” y de este modo subí tras él.
“¿Que tengo aquí? Unos muy
lindos pectorales” –Pensé al sujetarme de él.
–Y…
¿por donde es? –Preguntó cuando ya estábamos listos.
–Por
allá. –Indiqué con mi mano y él arrancó, era algo rustico con la moto, es
decir, muy rápido no le importaban las rocas del camino. Con cuidado le iba
indicando hacia donde y al final llegamos.
–Gracias,
sin ti no sé que hubiese hecho.
–No
te preocupes, no fue nada.
–Soy
Giavonna, mis amigas m dicen Gia. –Dije estirando mi mano, él la tomó y la
agitó tranquilo.
–Yo
soy Paolo, mis amigos me llaman… Paolo.
Reí un momento y lo miré.
–No
suelo hacer esto, ¿pero quieras pasar a tomar algo? O… ¿estás muy ocupado?
–La
verdad es que no, no estoy ocupado pero sino llego a ayudar con la mudanza…
estaré en problemas.
–
¿Hablamos luego?
–Claro.
–Entonces
adiós. –Y con un guiño me di la vuelta hacia el guardia de la entrada.
–Adiós.
Paolo me miró por última
vez y encendiendo su moto se fue a toda velocidad. Por mi parte di vuela y
grité al guardia por ayuda.
Ya en casa y con el carro
bien guardado puse toda la tarea en el escritorio, encendí la PC y me acosté en la cama con
la música puesta. Pensé en él, en su cuerpo tras la chaqueta de cuero, en sus
lisos y oscuros cabellos, era perfecto, lastima que solo lo conozca de un día
sino…, buena pregunta ¿Sino que? ¿Saldrías con él? ¿Le harías lo mismo que a
Robert? Wow nena si que estamos mal.
De la nada de la
computadora empiezan a sonar ruidillos de Facebook, Messenger, Twitter, Myspace, entre otros que se abrían automáticamente.
“Chismes, chimes y mas chismes”
–Pensé mientras me desnudaba y me ponía otra cosa encima. – “Esperen, tratan sobre el chico nuevo, Mm…”
Luego de nutrirme sobre la
vida misteriosa de este chico, me puse ha hacer la tarea, Tía Judith no era
como una madre pero si era muy estricta con el tema de hacer las tareas y sacar
buenas notas ¿Quién la entiende?
A eso de las ocho mis dos
tutores estaban en casa, mi tía trataba de cocinar y George estaba luchando con
la corbata en su cuello.
–Hola…
–Hola
cariño, ¿como te ha ido en clases?
–Bien
el problema fue al regresar, me quedé sin un poco de gasolina.
–
¿Y como estás aquí?
–Alguien
me dio un aventón súper genio. –Dije mientras me acercaba ha ayudarlo.
–Bueno…
gracias, eh… no lo sé, ¿Y en donde fue? ¿Por qué no me llamaste?
–Fue
en la desviación, allí no hay señal.
–
¿Quieres decir que caminaste sola hasta la autopista a esperar que alguien de
buen corazón te trajera?
–Si.
–Pero
está loca ¿o que?
–Estaría
allí ahora si no fuese por ese aventón y por suerte fue un amigo de la escuela
quien me trajo por que sino… no hubiese aceptado nada.
–Como
sea, ¿sabes cuantos secuestradores viven ahí afuera, buscando victimas fáciles
como tú?
–Ok,
Ok, prometo que no pasará de nuevo.
–Bueno…
–
¿Y a ustedes?
–Unos
casos muy difíciles pero… estoy segura de que podré.
–…
Por eso me casé con ella. –Me susurró el tío.
–
¿Quieren comer? –Preguntó sin saber de que hablábamos.
–Si,
claro. –Comencé yo mirando el plato de una comida desastrosa. –Aunque tengo
mucha tarea así que… no me sirvas ¿si?
En mi cuarto pensé de
nuevo en este chico y me preparé para dormir. A la mañana siguiente pasé como
media hora de más maquillándome y arreglándome para el día y menos mal que lo
hice por que cuando estaba en mi casillero me sorprendió infraganti pensando en
que libros llevar.
–
¿Así que pudiste arreglar tu auto?
–Bah,
solo le faltaba gasolina.
–
¿No se supone que uno siempre tiene que estar pendiente de cosas como esas?
Sonreí y lo miré a los
ojos, perfectos como el chocolates, intensos y seductores.
–Se
supone. –Repetí y me di vuelta.
–
¿Iras a matemáticas?
–Si,
¿pasa algo?
–Si,
¿hay que aguantar a esa anciana?
Reí un poco mas divertida.
–Si,
se supone que debemos hacerlo.
–Tú
lo has dicho, se supone.
–
¿Me estás invitando a escaparnos?
–Si
¿por que no? Es que… ¿siempre hay que ser así de estrictos? Escapémonos,
tomémonos un aire y conozcámonos.
–Nos
acabamos de conocer.
–Para
fines términos, no conocimos ayer, por lo que nos hace conocidos.
–No
suelo salir con chicos que conozco del día anterior.
–Vamos…
–Tengo
un promedio que no quiero arruinar.
–Si,
y tienes un amigo…
–Conocido.
–Bueno,
tienes aquí a un conocido que muere por salir contigo, nadie notara nada.
–Lo
siento.
–Oye…
te juro que será la ultima vez.
–
¿Será la primera y ultima? –Pregunté volteando a verle.
–Si,
a menos que las cosas cambien, no lo sé.
Lo miré de pies a cabeza,
muy, pero muy guapo.
–Bueno
pero que sea la ultima.
–Lo
juro.
–Si,
igual no estoy de ánimos para las clases, –Comenté mientras guardaba los libros
en mi casillero y tomaba mis llaves.
–Oh
no, vayamos en mi moto.
–Oh
no, con falda no me vuelvo a montar.
–Vamos…
–No.
–Ok,
pero si vamos en tu carro todos lo notaran.
–
¿Y?
–Y
que se arruina el plan.
Miré a uno de mis lados y
solté un suspiro de aburrimiento.
–Está
bien.
–
¿Ves que fácil son las cosas cuando quieres?
–Si,
¿sabes algo? Esto ya no me esta gustando…
–No,
oye, te prometo que te agradará. –Juró, lo pensé durante unos segundos y luego
asentí con la cabeza.
Ya afuera monté atrás de
él y este arrancó rápidamente, pasamos por calles conocidas hasta llegar a
algunas desconocidas.
– ¿Adonde vamos?
–Ya veras. –Dijo en voz alta por el ruido del motor
de la moto.
–Dímelo.
–Solo espera.
–No.
–Pero que fastidiosa eres…
–No me importa.
–A mi si, no me dejas conducir.
–Entonces párate.
–No me mandas.
Me quede sin nada mas que decir, solo respiré hondo
y me abracé más duro y todo esto no solo por que se había comportado de una
manera tan brusca sino por que había acelerado mucho y temía soltarme. Pero
ahora que lo pienso ¿quien rayos se quería soltar de un tipo así?
Luego de un rato paramos en una playa solitaria.
–No sabía que Miami tuviese alguna playa solitaria.
–Esa es la cosa, yo tampoco lo sabía.
Lo miré dudosa pero mas que nada algo huraña.
–No enserio, mi mejor amigo me hablo de este lugar y
no quería perderme, por esto te traje.
– ¿Me trajiste por si te perdías?
–Si.
– ¿Y que creías que iba ha hacer?
–Guiarme de vuelta.
– ¿Disculpa? ¿Y por que se supone que te tendría que
ayudar?
–Por que no creo que haya alguien más con el que te
puedas ir.
–Ah.
–Soy un genio ¿no?, perdón si te utilice pero me la
debías por el golpe.
–Ah. –Dije sonriendo. –Pues te tengo una noticia
súper genio, yo también soy nueva.
– ¿Qué? –Pregunto mientras le cambiaba el rostro de
satisfacción a muy preocupado.
–Lo que oyes, soy de Los Ángeles.
–No.
–Si.
–No…
– ¡Si!
– ¿Y ahora?
– ¿Y me vas a preguntar?
–Bueno… eh… este…
– ¿Qué, genio?
–Bueno si te callaras las cosas seria mas simples.
–Ahora hablo mucho ¿no? Pues a ver que haces.
–Espera. –Dijo cuando me daba la vuelta. –Mejor no
nos separemos.
– ¿Temes perderte?
–Temo que te pierdas y que me culpen a mí.
–Ahora soy yo la que se pierde.
Suspiró.
–Esto no está saliendo bien.
– ¿Tu crees?
–Si, si lo creo pero lo mejor ahora será pensar en
una solución.
–Claro, tienes razón. –Acepté para hacer… algo
parecido a las pases de una buena vez.
Él caminó a otro lado y
miro la playa cristalina.
–Al menos la playa esta linda.
–Al menos.
–Es lindo estar aquí.
–Estamos perdidos.
–No seas aguafiestas.
–Perdón ¿si? Es que si me hubieses dicho al menos
esto hubiese traído un mapa.
–No hubieses venido.
“Claro que si” –pensé para mis adentros.
–Eh pues claro que no apenas y te conozco y ya haces
que me pierda.
–Pues lo siento, es que no conocía a más nadie.
–Dijo mientras cruzaba sus brazos en su pecho. – ¿Que te parece si vamos a dar
un paseo?
– ¿Qué? ¿Estás loco para perdernos más de lo que ya
estamos? ¡¡¡No, no, no!!!
–Anda no seas más aguafiestas de lo que ya eres,
además no vayamos a desperdiciar el viaje que hicimos.
“Si claro, vayamos, perdámonos y nunca regresemos,
así estaremos solos para siempre.”
Boté aire algo molesta pero a la vez muy dispuesta
en seguirlo.
–Está bien, un paseo no hará nada de mal, además que
nos podría pasar, ¿perdernos?, ya lo estamos.
–Bien obviare tu sarcasmo– Comentó mientras yo iba a
montarme en la moto, pero sin darme cuenta él me tomó del brazo –Hey ¿a donde
crees que vas?
– ¿A montarme en la moto no vamos a dar un paseo?
–Si pero me refería a caminar, con los pies, mira ve
te los presento, pies Gia, Gia tus pies…
–Ja, ja, ja, que gracioso, te diré algo, lo de
comediante no se te da nada de bien… –Comencé mientras tiraba de mi brazo que
apartarlo de sus manos– Y por otro lado… es que estas botas no fueron hechas
para caminar sobre la arena… o sea por si no lo sabias son originales de Jimmy
Choo, me costaron 5000$, ¿tú crees que dañaría unas botas como estas así como
así?– Terminé mi discurso furiosa.
–Te compraré unas nuevas si así dejas de pelear.
–Pues no, no voy a caminar con estas botas, y punto.
–Entonces quítatelas, así no tendrás que caminar con
ellas.
–Y volvemos otra vez a tu tema de comediante, –Dije
fastidiada –Pues te lo diré por última vez, ¡¡¡NO–te–que–da!!! ¡Acéptalo!
–Aush, ¡no tenias que ser tan rustica!– él imito
exactamente la cara de una persona que estaba dolida.
–¡¡¡Argggh!!! No te soporto– grité.
–“Este chico me sacaba de mis casillas” pensé.
–Bueno está bien. Yo iré a dar un paseo para ver si
encuentro a alguien, si quieres puedes esperar aquí “SOLA” a que te encuentren
ó venir conmigo a buscar ayuda.
– ¡Pero si me acabas de decir que esta playa era
solitaria!
–Bueno técnicamente lo era, porque ahora estamos
nosotros dos, por lo que ya no lo es. Pero creo que hay una posibilidad de que
así como estamos nosotros, puede haber otras personas.
– No yo no caminare ya te lo he dicho sopotocientasmil
veces, no caminare con mis botas Jimmy Choo!
– ¡Bueno como tú quieras! Yo iré a buscar ayuda tú
quédate no quiero que te pierdas más de lo que ya estamos
– Ok!!! – le dije.
Cuando él estaba lo suficientemente lejos de mí, me
empecé a sentir sola, con un gesto de dolor me quité las botas y sin pensarlo o
mejor dicho, pensándolo muy bien corrí la carrera del siglo hacia él, cuando
estuve un poco mas cerca y él me pudiera escuchar lo empecé a llamar.
–PAOLO, PAOLO!!! ¡ESPERAME NO ME QUIERO QUEDAR
SOLA…!
Él volteo a mirar me de arriba abajo y pude notar
que se asomaba una sonrisa a la comisura de sus labios aun a la distancia de la
cual nos encontrábamos.
Cuando estaba a menos de un metro de él tropecé y
como por arte de magia el me sujetó e impidió que mi cabeza tocara el suelo
pero sus labios quedaron muy cerca de los míos, se veían tiernos y jugosos,
estuve a punto de besarlo cuando de pronto él perdió el equilibrio y los dos
caímos en la arena, el cayó y rodo encima de mi esa no era una posición muy
favorable para unas personas que se acaban de conocer. Su cara se encontraba
muy pero muy cerca de la mía podía sentir su aliento en mi rostro. Me perdí en
su rostro, ese rostro, sus facciones eran perfectas, él al notar que mi
respiración se agitaba se paró rápidamente y me ayudo a levantarme. Después de
eso seguimos caminando sin pronunciar palabra alguna, una que otra vez lo
miraba de reojo pero el siempre me descubría y yo me sonrojaba, pero como había
mucho viento mi largo cabello me tapaba constantemente mis mejillas sonrojadas.
Después de tanto caminar conseguimos ayuda unos
chicos nos enseñaron el camino de vuelta al parecer no estábamos perdidos solo
que habíamos tomado una desviación antigua la cual ya nadie utilizaba.
No se qué
hora era en realidad pero ya el sol se estaba ocultando así que debían ser
entre las cinco o las seis de la tarde. ¿Que les diría a mis tíos? ¿Qué excusa
les pondría por haber llegado tan tarde a casa? ¿Cuál? ¿Que me había escapado
con un amigo que acabo de conocer? –Pensé.
–Pues no –Respondí para mi misma en voz alta
mientras íbamos por la carretera a toda velocidad. Paolo frenó de repente y
volteo a verme con cara de descifrar lo que había dicho. Al ver que yo no decía
nada formulo la pregunta:
– ¿Pues no qué?
–Pues no nada no estaba hablando contigo estaba
pensando en voz alta– le respondí. Mi voz sonaba rasposa al no haber
pronunciado palabra en tanto tiempo. –Es un país libre ¿si?
– ¡Pues no voy a arrancar hasta que me digas lo que
estabas pensando!
¡Ay no! Que rabia otro contratiempo más, iba a
llegar mucho más tarde y todo por mi estúpida bocota que no se podía quedar
callada ¡¡¡Argggh!!! Ahora tenía que ingeniármelas en que decirle sin herir sus
sentimientos.
–No nada de verdad solo estaba pensando en que le
voy a decir a mis tíos cuando llegue a la casa ya que yo siempre acostumbro a
llegar temprano. –Le contesté.
–Ah, era eso, bueno no creo que tus tíos se molesten
si les dices que solo ayudaste al chico nuevo a ponerse al día con las clases.
¡Listo allí tienes la excusa perfecta!
–Ingenioso.
–Lo sé.
–Si bueno… ¡podría funcionar si mis tíos no me
conocieran! Ellos saben que yo jamás ayudaría a alguien con las clases soy muy
mala tutora, créeme que lo intente, además jamás me sale del alma ayudar a un
chico nuevo.
– ¿Y si este fuese lindo?
–Mm… oye amigo, mejor sienta en el piso a ese ego
tuyo
–Solo trato de ayudar.
–Claro…
Esa tarde fuimos directo al instituto, era consiente
de que olía a playa y era consiente de que era de noche.
–Genial y ahora cierran esto ¿Qué más pasará?
–Nada, yo me encargo.
– ¿Qué?
–Es lo mínimo que puedo hacer. –Comentó bajándose de
la moto.
– ¿Que harás?
–Tu solo observa.
–Bueno.
Paolo caminó hasta el candado que tenia las cadenas
del portón de la escuela y luego de manosearlo unos momentos tomó una piedra
que había al lado de un árbol.
–No creerás que romperás el candado con esa roca ¿o
si?
–Pues… tu solo observa.
–Oh si, claro, llamaré a una amiga ella de seguro
tendrá una forma de…–Pero ni siquiera me dio tiempo terminar cuando el hizo
algo con la roca y el candado cayó al suelo.
–Wow.
–Si, Wow… ¿que decías que iba ha hacer esta amiga?
–No nada, olvídalo.
Y de este modo aun en la moto esperé a que me diera
un aventón hasta mi auto y al llegar solo pude decir…
–Gracias.
–Por arruinarte el día o por traerte a tu auto.
–La verdad… no lo sé, pero gracias. –Respondí con
una sonrisa.
– ¿Te podría besar? –Dijo sin miedo.
– ¿Que?
–Creo que hoy ha pasado de todo y un beso sería lo
de menos.
–Pues, si es así de menos… esperarlo para otro día.
–Oye…
–Chao, chao…–Dije divertida, encendí el auto y me
puse en marcha, por otro lado él quedó devastado.
El camino a casa fue lo de menos, ni me di cuenta
todo el recorrido que hice hasta ella solo sé que cuando llegué a esta estaba
tranquila y algo feliz.
–Giovanna Isobell Franceschini. –Dijo mi tía cuando
entré.
–Dime.
– ¿Que horas son estás de llegar?
–Ninguna andaba por ahí.
–Me llamaron de la escuela.
– ¿Ah si?
–Si. –Dijo mientras se sentaba en el sillón, una
manta le cobijaba pero no la hacia lucir nada como las abuelitas. – ¿Así que
con que chico huiste?
– ¿Como crees? Y ahí estás pensando lo peor.
– ¿Ah? ¿No fue un chico? –Dijo con una ironía que
daba pena.
–Bien. Es Paolo no se que más ¿si? Es nuevo.
–No sabía que salieras con los nuevos.
–Y no lo hago este chico me ofreció la oportunidad
de salir de clases y yo le he dicho si.
–Genial.
–Espera.
– ¿Qué pasó?
– ¿Donde esta el sermón? ¿Ah? El… “eres una chica,
el un hombre” o… “no puedo creerlo estoy muy decepcionada”
–Bah, sabes que… entiendo que eres una chica y el un
chico, diviértanse.
–eh…. Has estado tomando pastillas para la depresión
o para dormir, o quizá una que tiene efectos secundarios.
–No cariño, he pensado en como era a tu edad, claro
yo tenía a tu madre que siempre venía con un chisme a mamá pero… recordé esa
adrenalina, ese querer emborracharte, aunque no te lo recomiendo, ¿sabes?
¿Quien dice que no puedo ser una madre? ¿Y quien dice que no puedo ser una
madre genial?
–Te amo, pero si es la psicología inversa lo que
querías utilizar… lo lograste, ya me voy a mi cuarto. –Y a eso de los primeros
escalones de la escalera en espiral que llevaba a mi cuarto volteé y la miré. –
¿Cuatas semanas?
–Mejor que sea hasta el viernes, por captar el punto
y portarte tan maduramente y aceptar tus errores.
– ¡Wiii! Súper. –Dije sin emoción mientras subía.
Bueno algo bueno al menos había sacado de este
castigo, conocí una nueva playa.